Página 1 de 2
En Tomar decisiones: dos métodos comunes, cuento cómo seguí los métodos tradicionales cristianizados para tomar decisiones en cuanto a salir con un chico. Todo parecía indicar que era la voluntad de Dios para mí, pero un año después, todo se vino abajo.
Tras aquel «fracaso» romántico decidí que no existían fórmulas mágicas y perdí la confianza en mí misma. No pudo haber sucedido cosa mejor. Por fin estaba donde tenía que estar, dependiendo de Dios. En ese momento fue difícil divisar a través de la niebla lo que Dios me quería enseñar. Pero con una mirada retrospectiva he recogido el buen fruto de su enseñanza y me he alegrado.
Ese fruto fue, en parte, las siguientes lecciones que quiero compartir, no como una lista más sino como sencillos pensamientos para ayudar a reflexionar:
«Sin fe es imposible agradar a Dios.» (Hebreos 11:6)
Dios permite el dolor de la indecisión. De hecho, la incertidumbre, hasta cierto punto, es necesaria en la vida cristiana — porque sin fe es imposible agradar a Dios, y la fe es «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Heb. 11:1). Cuando más aprendemos a confiar en Dios es cuando vemos poco. Nos quita las muletas y sólo podemos confiar en Él.
Pero Dios nunca favorece la indecisión en cuanto a su persona. Eso es falta de fe. Es decir, podemos estar en una encrucijada, a oscuras, pero no dudamos de la persona que sostiene nuestra mano – el Señor mismo.
«Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.» (Proverbios 3:5)
Fíate del Señor. Seguimos a una Persona. Las decisiones no se toman en el vacío. No cuentan sólo nuestras opiniones, sentimientos, o listas objetivas de pros y contras. Lo que cuenta es nuestra relación con Jesucristo.
Con esta perspectiva las decisiones no serán más fáciles pero sí que se amoldarán más a los criterios de Dios. Querremos agradarle. Algunas de sus respuestas vienen escritas explícitamente. En cuanto a temas ambiguos, sus principios nos guiarán: ¿Cambiar de trabajo o no? Tu jefe estará furioso si lo haces. Pero Dios te habrá enseñado que es más importante temerle a Él que a los hombres. ¿Casarte con aquél o no? Si andas con Cristo, apreciarás lo que aprecia Él y podrás decir «no» a un hombre irresponsable. Antes ni pensabas en este factor y te dejabas llevar por piropos.
Cuantos más consejos descubramos y recibamos del Señor, más sabias seremos en nuestras decisiones.
«¿No habéis podido velar conmigo una hora?» (Mateo 26:40)
La oración es oxígeno en las decisiones.
¿Nos importan las respuestas de Dios?
¿Cuánto tiempo pasamos orando de verdad sobre asuntos?
¿Oramos para sentirnos bien, para «cumplir»?
¿Oramos deseando su voluntad por encima de todo?
¿Oramos con fe?
¿Oramos hasta la convicción?
¿Oramos aunque la única respuesta sea el silencio?
© Elizabeth Clark Wickham
[1][2] »Adelante»
|