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La primera vez que escuché hablar sobre Operación Movilización (OM) tenía 16 años. Llevaba pocos meses en la universidad cuando comenzó una huelga estudiantil que hizo difícil que asistiera con regularidad a las clases. Mi madre era la secretaria de la iglesia donde éramos miembros y estaba revisando el correo recibido esa tarde. De repente dijo, «Mira, Lisa, hay un barco-librería cristiano que viene para San Juan y necesitan voluntarios». Llamamos al teléfono de contacto sin imaginar que esa llamada cambiaría el rumbo de nuestras vidas.
Desde los 12 años había vivido con la ilusión de ser misionera, pero no sabía qué pasos dar ni por dónde empezar. El ir en 1981 de voluntaria al barco Doulos fue el agua que regó esa plantita, ayudándola a echar raíces de esperanza en mi corazón, que se harían realidad en mayo de 1986 cuando salí de mi isla para unirme como tripulante del barco Logos.
La historia de OM se remonta a los años ’50, con una viejecita norteamericana que oraba por los jóvenes estudiantes de la escuela frente a su casa. Uno de esos jóvenes era Jorge Verwer, que fundaría OM. Como fruto de interrogantes que él tenía en su corazón, decidió asistir a una campaña de Billy Graham y allí recibió a Jesús como Salvador. De personalidad más bien extravagante, Jorge entregó a Dios todo su ser y se convirtió en un «activista» para Cristo.
Ya en 1956 decidió comprometerse con las misiones. En 1957 se unió a una campaña evangelística en México junto a dos amigos universitarios, y esto les dio la idea de hacer campañas durante los veranos para movilizar a jóvenes de los colegios y universidades adyacentes para predicar el evangelio en diferentes partes del mundo. Estos viajes misioneros estivales han sido la base de OM desde el principio y un área muy importante de la estrategia evangelística: aprovechar las vacaciones para invertir tiempo, dinero y esfuerzo en un proyecto de alcance para la eternidad.
A mediados de los años ’60, Jorge comenzó a orar por un ministerio con barcos para ir hasta la India, llevando gente de diversos países a entrenarse en misiones allí y en otros países cercanos. Esa idea – un tanto loca para algunos en ese momento – fue tomando forma a través de la provisión de Dios de dinero y personal, y en 1970 dieron el gran paso de fe de comprar un muy bonito, pero pequeño y un poco viejo, barco llamado Umanac, que se convirtió en el Logos. En 1977 se lanzaron a la compra de otro barco más grande que bautizaron como Doulos.
Cuando yo me uní al Logos lo hice con grandes expectativas y mucha emoción ya que era el cumplimiento de muchos años de oración y preparación para poder salir al campo misionero. Para mí fue la realización de un sueño que muchas veces me había parecido extremadamente lejano.
Catherine R Navarro fue una de las primeras chicas que conocí a bordo. La muy enérgica y simpática colombiana resume su experiencia con OM de la siguiente manera:
Mi tiempo con OM me abrió los ojos, me brindó una perspectiva más amplia, pude poner en práctica enseñanzas bíblicas y entender el amor y compasión de Dios hacia la humanidad. Yo llegué muy joven a OM, así que me maduró, fortaleciendo mis bases cristianas para entender que mi compromiso es con Dios, que la razón de mi existir es Él, que al servirle, mi vida tiene sentido, que no tengo que ser «super especial y tener toda clase de dones». El usa gente común y corriente.
Educativamente aprendí de culturas, idiomas, costumbres, enseñanzas bíblicas, formas efectivas para presentar el evangelio, etc.
Laboralmente me preparó para trabajar honesta y profesionalmente porque lo que hago, lo hago para el Señor.
En cuanto a lo familiar, (me ayudó) a darme cuenta que mi familia va más allá de la que vive bajo mi mismo techo. Tengo una familia inmensa en Cristo a la cual debo respeto y cariño; y a los que no son familia... los puedo invitar a ser parte de ella. De hecho, creo que fue mucho más fácil adaptarse a la vida en OM que regresar a la vida «normal».
OM va mucho más allá que el ministerio de los barcos. Hay equipos con una diversidad de ministerios y trabajos en muchísimos países. Catherine pudo experimentar tanto la vida a bordo de los barcos como la vida en equipos de tierra.
En total estuve siete años y participé en varios ministerios. Primero estuve en el Logos por dos años en las islas del Caribe, Centro América y Norte América. Inicié trabajando en la limpieza y mantenimiento de la cocina y áreas públicas. Luego estuve en la librería y en la recepción. Después estuve en Europa para un «verano de amor» trabajando con el equipo de Europa Oriental en Yugoslavia; luego me uní al Doulos por un año y trabajé en la librería, en programación de eventos y en la preparación para la llegada del barco a un puerto («line-up»). Para entonces se adquirió el Logos 2 así que fui a Europa a ayudar con las renovaciones; allí inicié martillando óxido y realicé cualquier otra labor que se necesitaba hasta que salí con un equipo a preparar la llegada al primer puerto de ministerio del Logos 2. De ahí en adelante seguí con el ministerio de programación y preparación y visitamos un par de puertos en Europa. Luego fuimos a África Oriental y terminé mi ministerio con los barcos cuando regresamos a Sudamérica.
Catherine, ¿cuáles fueron tus mayores retos? ¿Cómo los superaste?
En realidad cada etapa presentó su reto, inicialmente el idioma pero con estudio y dedicación logré superarlo y no sólo aprendí inglés sino también francés y portugués. Las diferencias culturales fue otro. Entender los diferentes acentos, gestos, costumbres, aunque fue una experiencia muy enriquecedora, no dejó de presentar sus retos. Adaptarse a un sistema de vida muy esquematizado fue otro que, aunque difícil al principio, ha dejado una huella positiva en cuanto a la organización. Y pienso que los retos que se presentaron durante mi tiempo con OM los pude superar exitosamente. Sin embargo, hubo uno que tengo que admitir: no pude superar... ¡que siempre me mareara cuando navegábamos! No importaba si el viaje era un par de horas o varios días, tan pronto zarpábamos de un puerto... iniciaba mi osadía. Esa parte prefiero no recordarla, ¡hasta me dan nauseas!
© 2007 Lisania Meléndez-Rhoton
[1][2] »Adelante»
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